Unión enfrentó a Central Córdoba en el 15 de Abril, con Darío Herrera como árbitro, en el marco de la fecha 17. Un jugador del Ferroviario luchó por la pelota por el costado derecho y, tras un rebote de un centro rechazado, Meli aprovechó el espacio y remató al palo derecho, anotando el primer gol del partido. Angulo superó a la defensa Tatengue y asistió a Palavecino, quien, con un potente remate, anotó un gol. Después, hubo nerviosismo por un chequeo del VAR por una posible mano de Cabral, pero finalmente el gol fue convalidado.
Los primeros minutos del partido fueron bastante interesantes, ya que Unión estaba decidido a armar su juego y a meterse en territorio del rival. Los laterales, Vargas y Bruno Pittón, estaban subiendo constantemente, buscando crear oportunidades y desbordar por las bandas. Por su parte, el equipo dirigido por Omar De Felippe optó por una estrategia defensiva sólida, formando una línea de cinco en la defensa. Esto les permitió contrarrestar los ataques por los costados y, al mismo tiempo, intentaron llegar al arco contrario a través de un juego más asociado pero con un solo punta.
En una jugada que se desarrolló por el costado derecho, un jugador de Central Córdoba se metió en la pelea por la pelota. Después de un forcejeo, logró mantener la pelota en el campo. Un compañero tomó el balón y envió un centro al área que, aunque fue rechazado por la defensa, le dejó un rebote perfecto. La pelota cayó justo en los pies de Meli, quien detectó el espacio ideal entre los defensores. Sin pensarlo dos veces, hizo un remate preciso y colocó la pelota contra el palo derecho del arco marcando el primer gol del encuentro.
Unión no arrancó de la mejor manera en el partido. Los mediocampistas, que son clave para conectar el juego entre la defensa y el ataque, no lograban hacerse con el control del balón de manera eficiente. Esto hizo que el equipo no pudiera salir con claridad desde el fondo ni generar jugadas que llevaran el balón con profundidad hacia el área del rival.
Central Córdoba seguía su plan de juego a rajatabla, tratando de contener las subidas de Pittón y Vargas. Sin embargo, no pudieron hacer frente a una buena jugada de Unión, donde Roldán y Bruno Pittón se juntaron de manera efectiva, pero al final, el remate de Rivero no encontró el camino a la red y terminó en las manos del arquero rival.
El equipo dirigido por Cristian González estaba ante un rival que se plantaba muy bien en la defensa, lo que complicaba las cosas a la hora de generar jugadas claras de gol. La intensidad en la recuperación del balón por parte del visitante era similar a la que acostumbró Unión y complicó a tantos rivales en encuentros anteriores.
Cerca de los 30 minutos de juego, se produjo una jugada interesante cuando Rivero se las ingenió para hacer una buena maniobra y se la pasó a Morales. Este, con gran habilidad, logró controlar la pelota dentro del área rival, y sin pensarlo mucho, se dio la vuelta y trató de igualar el partido con un remate. Sin embargo su tiro se fue volando por encima del travesaño.
La hinchada comenzaba a mostrar signos de impaciencia por algunos fallos del árbitro que no parecían estar a favor del equipo. Además, varios jugadores de Unión estaban teniendo un día difícil y no lograban conectarse en el campo de juego. Aunque el equipo seguía adelante, buscando la forma de igualar el marcador, se notaba que les faltaba esa chispa necesaria para hacer fluir el juego.
Al arrancar el segundo tiempo, pasó algo curioso con el equipo Tatengue. Resulta que decidieron hacer un cambio radical en su indumentaria. En lugar de salir con la clásica camiseta Rojiblanca que los caracteriza, y con la que comenzaron el encuentro, optaron por ponerse la azul, que es la que utilizan como suplente. Al parecer, había un riesgo de que se produjeran confusiones entre la camiseta titular de Unión y la suplente de Central Córdoba.
Unión estuvo moviendo la pelota por el campo, intentando encontrar espacios y generar una buena jugada. En un momento, Vargas recibió el balón y, al mirar hacia adelante, se dio cuenta de que Bruno Pittón estaba haciendo una entrada en diagonal, justo donde él necesitaba. Entonces, Vargas decidió pasarle el balón. Bruno se preparó y conectó un cabezazo que se fue volando muy por encima del travesaño.
Desde el principio, el equipo de Omar De Felippe mostró un orden y una prolijidad que le dieron el control total del partido. Se notaba que tenían claro su plan de juego y lo estaban ejecutando a la perfección. Por otro lado, los dirigidos por Cristian González seguían luchando, pero no lograban generar ningún peligro real frente al arco rival. A pesar de que hicieron varios cambios de jugadores y ajustaron su esquema, no parecían encontrar la forma de hacerle frente a la defensa visitante.
El equipo Tatengue estaba realmente desesperado por encontrar el gol del empate, y esa necesidad los llevaba a jugar a los empujones, tratando de hacer lo que fuera para conseguirlo. Se notaba que la ansiedad comenzaba a invadir tanto a los jugadores como a los hinchas, quienes ya no se fijaban tanto en el buen juego, sino en la urgencia de lograr el empate a toda costa.
Ángulo se mandó hasta el fondo, logrando superar a la defensa Tatengue con mucha habilidad. Luego, hizo un pase hacia atrás. Palavecino, que estaba bien ubicado, recibió el balón y, con un remate fuerte, dejó al arquero Tatengue sin ninguna posibilidad de reacción.
Tras unos momentos de nerviosismo por el chequeo del VAR por una posible mano de Cabral donde se llevó la pelota con el codo. A pesar de las plegarias de los hinchas, el VAR convalidó el gol.
Unos instantes después, en el estadio se escuchó un grito al unísono que hacía tiempo no se escuchaba. Era un cántico que se levantó en contra de la comisión directiva del club.
Unión no logró encontrar la manera de desequilibrar el juego, ya que el planteamiento táctico del entrenador Omar De Felippe fue muy efectivo. Su estrategia le cortó los caminos laterales al equipo, lo que les permitió controlar el partido sin mayores inconvenientes. Finalmente, Unión sufrió una derrota por 2 a 0 en casa después de haber estado invicto en los últimos ocho partidos como local.


